Estados Unidos y Europa han puesto en marcha un ambicioso plan de inversión por 10 000 millones de euros con el objetivo de reducir su dependencia de China en el suministro de tierras raras, materiales críticos para industrias clave como la tecnológica, energética, automotriz y de defensa.
Actualmente, China concentra cerca del 90 % del procesamiento mundial de tierras raras, lo que ha generado preocupación en economías occidentales ante los riesgos geopolíticos, comerciales y de seguridad que implica esta dependencia. Frente a este escenario, Estados Unidos y la Unión Europea buscan fortalecer su autonomía estratégica mediante el desarrollo de nuevas cadenas de suministro, inversión en exploración, procesamiento local y tecnologías de reciclaje.
El plan contempla apoyo financiero a proyectos mineros fuera de China, alianzas con países productores, así como incentivos para acelerar la innovación en materiales alternativos. Además, se prevé una mayor coordinación transatlántica para garantizar el acceso estable a estos recursos esenciales en el mediano y largo plazo.
Analistas señalan que esta estrategia representa un giro relevante en la política industrial y energética de Occidente, en un contexto marcado por la transición energética, la electrificación del transporte y la creciente demanda de tecnologías limpias. No obstante, advierten que reducir la dependencia de China será un proceso gradual que requerirá años de inversión sostenida, regulación eficiente y aceptación social de nuevos proyectos extractivos.
Con esta iniciativa, Europa y Estados Unidos buscan no solo asegurar el suministro de materias primas críticas, sino también reforzar su competitividad tecnológica y su posición geopolítica frente a un mercado global cada vez más estratégico y disputado.
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