Ante las dificultades que implica poner en marcha nuevos proyectos, varias compañías mineras en América Latina están volteando hacia sus operaciones actuales para buscar mayores niveles de producción y recuperación.
La estrategia pasa por aprovechar mejor la infraestructura instalada y recurrir a herramientas como inteligencia artificial, automatización, analítica de datos y control avanzado de procesos.
El panorama no es menor. En países como México, Chile y Perú, los tiempos para desarrollar nuevos proyectos se han vuelto más largos debido a permisos, disponibilidad de agua y energía, así como a factores sociales y regulatorios.
En México, los nuevos desarrollos mineros disminuyeron 49.2% durante 2025 y, desde la reforma minera de 2023, no se han otorgado nuevas concesiones, de acuerdo con los datos incluidos en el documento.
Chile también muestra una fuerte apuesta por ampliar y modernizar activos que ya están en operación. Cochilco estima inversiones mineras por US$104,549 millones durante los próximos diez años y alrededor de 81% corresponde a proyectos de reposición o expansión.
En Perú, la cartera minera de 2026 considera 66 proyectos por US$64,075 millones. De ese total, 36 son iniciativas brownfield, es decir, desarrollos relacionados con operaciones existentes, con inversiones cercanas a US$23,471 millones.
Más producción con la misma operación
La tecnología empieza a tener un papel importante en ese proceso.
Uno de los casos mencionados es Cerro Verde, en Perú, donde el uso de modelos de machine learning permitió aumentar 6.5% la producción de libras de cobre sin sacrificar la calidad del concentrado.
El ajuste se logró mediante una mejor relación entre el tonelaje procesado y la recuperación del mineral.
También se han registrado avances en operaciones de Anglo American, donde herramientas de inteligencia predictiva han contribuido a elevar entre 2% y 4% la recuperación de cobre a partir de una mejor optimización del tratamiento de relaves.
Sin embargo, contar con tecnología no garantiza por sí sola mejores resultados.
Sergio Campana, gerente de Negocios de Software para América Latina de Rockwell Automation, advierte que todavía existe una diferencia importante entre lo que las compañías invierten en tecnología y los resultados que finalmente logran obtener en sus procesos.
Para cerrar esa brecha es necesario contar con datos confiables, sistemas correctamente conectados e información que permita tomar decisiones desde las primeras etapas de la operación.
Un cambio en la fragmentación de la roca, por ejemplo, puede terminar afectando el desempeño de una planta concentradora. Por eso, la tendencia es dejar de analizar cada área de manera aislada y comenzar a observar toda la cadena, desde la mina hasta el procesamiento.
El reto de crecer sin detener la mina
Las expansiones también presentan otro desafío: ejecutar obras y cambios tecnológicos mientras la operación sigue produciendo.
En ese escenario, mantener la continuidad de los procesos se vuelve fundamental. Una falla durante una ampliación puede traducirse en pérdidas de producción y afectar directamente la rentabilidad del proyecto.
A esto se suma la necesidad de reforzar la ciberseguridad industrial conforme las operaciones incorporan más sistemas conectados, automatización y plataformas digitales.
Rockwell Automation considera que uno de los principales caminos para el sector será precisamente integrar mejor la información de mina y planta, fortalecer la infraestructura tecnológica y aprovechar los datos disponibles para obtener mayor rendimiento de los activos actuales.
En un contexto donde abrir una nueva mina puede tomar años, mejorar lo que ya está operando comienza a convertirse en una de las alternativas más claras para elevar producción sin partir desde cero.
Fuente: Rockwell Automation
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