Perú busca recuperar dinamismo en su industria del cobre mediante una nueva etapa de inversiones que podría incrementar de manera significativa la producción del metal durante los próximos años.
El gobierno peruano estima que nuevos proyectos podrían añadir alrededor de un millón de toneladas de cobre por año en un horizonte de cinco a seis años. Actualmente, la producción se encuentra en un rango aproximado de 2.5 a 2.7 millones de toneladas anuales.
El objetivo aparece en un momento especialmente favorable para este mineral. La electrificación de vehículos, las redes eléctricas, las energías renovables, los centros de datos y la infraestructura tecnológica están aumentando las perspectivas de demanda mundial de cobre.
Alrededor del 70% de la cartera minera peruana, valuada en unos 64 mil millones de dólares, corresponde precisamente a proyectos vinculados con este metal. Para 2026 se prevén inversiones mineras cercanas a 7 mil millones de dólares, aunque una proporción importante está destinada a mantener operaciones existentes o extender su vida útil.
La estrategia también contempla revisar procedimientos administrativos. Las autoridades identificaron 27 requisitos que podrían eliminarse dentro de un universo cercano a 100 permisos, señalando que la simplificación deberá realizarse sin reducir las exigencias ambientales aplicables a los proyectos.
Empresas provenientes de China, Estados Unidos y otras economías mineras han sostenido acercamientos con las autoridades peruanas. Proyectos como La Granja y Los Calatos forman parte de una cartera que podría contribuir a ampliar la capacidad productiva si avanza hacia sus siguientes etapas.
La dimensión internacional es especialmente significativa. Estados Unidos y Perú firmaron durante 2026 un acuerdo de cooperación relacionado con minerales críticos, mientras compañías chinas mantienen una presencia importante dentro del cobre peruano. La actividad minera se convierte así en un espacio de inversión, pero también de construcción de cadenas estratégicas de suministro.
Para Perú, la oportunidad consiste en convertir ese interés global en proyectos capaces de combinar producción, empleo, infraestructura, diálogo comunitario y estándares ambientales. El cobre puede seguir siendo uno de los principales motores económicos del país si las inversiones consiguen avanzar con certidumbre técnica y social.
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