En la actualidad las operaciones mineras funcionan al 100% con agua que se procesa en un circuito cerrado, incorporado plantas de tratamiento que cumplen un doble propósito: no consumir agua de primer uso y contribuir a su saneamiento.

La principal práctica de cuidado del agua es evitar verter descargas de agua a los cauces naturales de los arroyos, ríos, represos, estanques, lagos o presas. Para ello se diseñan sistemas especiales para colectar el agua dentro del proceso de explotación o beneficio, para limpiar el agua antes de devolverlas a sus cauces originales, o bien para tratar el agua y dejarla en condiciones para que puedan reutilizarse de nuevo en el proceso minero.

Una práctica de cuidado del agua es evitar que ésta se contamine, por lo que se construyen recipientes o cunetas que recogen las aguas de lluvia, arroyos y ríos y las conducen de forma que no entren en contacto con los materiales potencialmente contaminantes. Además, para no afectar las aguas subterráneas, los depósitos de combustible, las zonas de reparación de maquinaria y las áreas de almacenaje de residuos se construyen sobre pisos de concreto aislados que impiden la filtración al subsuelo.

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Fuente: Mi México es minero (AIMMGM, A.C.)

Editorial

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