De la gastronomía a la minería: Ingrid García transforma el mantenimiento con disciplina y prevención

La trayectoria de Ingrid García confirma que la capacidad de adaptación puede abrir caminos profesionales inesperados. Después de formarse en cocina internacional y trabajar en el sector de la belleza, encontró en la minería una nueva vocación que hoy ejerce como mantenedora mecánica en el Taller Sub 6 de la División El Teniente.

Su ingreso se produjo hace cinco años, en plena pandemia, mediante el programa Aprendices. Aunque al principio desconocía completamente el funcionamiento de la industria minera, la oportunidad despertó en ella un interés que creció con cada jornada de capacitación y trabajo.

“Cuando uno tiene ganas, todo es posible. Al llegar tuve que ir adaptándome y me empecé a enamorar cada día más de lo que hago”, relató.

Actualmente, Ingrid participa en las mantenciones semanales, mensuales, bimensuales y anuales de equipos LHD, maquinaria utilizada para cargar, transportar y descargar material en operaciones subterráneas. Entre los modelos que atiende se encuentran los Sandvik 410 y 514, además de palas telecomandadas.

Sus actividades incluyen cambios de componentes, reemplazo de filtros de aire y aceite, revisión de neumáticos y el cumplimiento de pautas de inspección visual. Se trata de tareas que requieren precisión, conocimiento técnico y una concentración permanente para evitar incidentes.

El orden como herramienta de seguridad

Parte de su formación gastronómica continúa presente en su trabajo minero. Ingrid trasladó al taller el concepto de mise en place, utilizado en las cocinas para ordenar y preparar previamente todos los ingredientes, utensilios y materiales necesarios.

En el mantenimiento mecánico, esta metodología se refleja en la organización de sus herramientas, documentos y tarjetas de análisis de riesgos de la tarea. Para ella, mantener cada elemento en su lugar no solo mejora la eficiencia, sino que constituye una condición fundamental para trabajar de manera segura.

“Llevé el orden de la gastronomía al mantenimiento para tener mis herramientas y mi tarjeta ART ordenadas, y creo que es la base para trabajar seguros”, explicó.

Con el paso del tiempo, esta práctica también comenzó a ser replicada por otros integrantes de su equipo, fortaleciendo una cultura preventiva dentro del taller.

Aprendizaje constante y orgullo por la minería

Ingrid reconoce que sus primeros meses estuvieron acompañados de dudas y frustraciones. Los nombres de los componentes, los procedimientos y la dinámica de una operación minera representaban un mundo completamente nuevo.

Sin embargo, la disposición para aprender y el respaldo de sus compañeros le permitieron superar las dificultades iniciales. Hoy asegura sentirse orgullosa de formar parte de El Teniente y de una industria que considera fundamental para el desarrollo económico de Chile.

También destaca que el aprendizaje diario es uno de los elementos que más disfruta de su trabajo. Su objetivo es transmitir a sus hijas la importancia de ejercer una profesión con pasión, compromiso y satisfacción personal.

Concentración total durante cada turno

Para Ingrid, la seguridad comienza con la conciencia de que cada trabajador tiene una familia o personas queridas que esperan su regreso. Por ello, considera indispensable evitar la llamada “doble presencia”, es decir, mantener la mente dividida entre las tareas laborales y los problemas personales.

En un entorno donde cualquier movimiento incorrecto puede tener consecuencias graves, la concentración absoluta se convierte en una responsabilidad individual y colectiva.

“El beso que yo le doy a mi hija diciendo ‘nos vemos a la vuelta’ es una promesa que uno debe mantener viva en cada turno”, expresó.

Su historia representa el esfuerzo de quienes se incorporan a la minería desde otras disciplinas y encuentran en la capacitación, la prevención y el aprendizaje constante una oportunidad para construir una nueva carrera.

Fuente: Corporación Nacional del Cobre de Chile, Codelco, División El Teniente.