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El Niño refuerza la necesidad de anticiparse a riesgos climáticos en regiones productivas

El fenómeno de El Niño podría intensificarse durante los próximos meses y prolongar sus efectos hasta principios de 2027, de acuerdo con información difundida por Naciones Unidas, un escenario que

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El fenómeno de El Niño podría intensificarse durante los próximos meses y prolongar sus efectos hasta principios de 2027, de acuerdo con información difundida por Naciones Unidas, un escenario que vuelve a colocar la prevención, la gestión del agua y la capacidad de respuesta ante fenómenos extremos entre los principales retos para comunidades y actividades productivas.

El Niño es un patrón climático natural asociado al calentamiento periódico de aguas del océano Pacífico y tiene capacidad para modificar los patrones de precipitación y temperatura en distintas regiones del planeta. La ONU precisa que no es provocado por el cambio climático, aunque el calentamiento global puede intensificar algunos de sus impactos.

En África oriental, sus efectos suelen estar relacionados con lluvias intensas, inundaciones repentinas, desbordamiento de ríos y deslizamientos de tierra. En regiones del sur del continente, el fenómeno puede generar el efecto contrario: menores precipitaciones, sequías, reducción en las fuentes de agua y afectaciones a cultivos y zonas de pastoreo.

Aunque el reporte de Naciones Unidas se concentra principalmente en el impacto humanitario en África, las condiciones descritas ponen sobre la mesa un desafío que también resulta relevante para regiones con alta actividad industrial y minera: fortalecer la planeación frente a eventos meteorológicos que pueden afectar carreteras, suministro de agua, infraestructura eléctrica, cadenas logísticas y comunidades cercanas a los centros productivos.

Uno de los principales mensajes del organismo internacional es la importancia de actuar antes de que ocurra una emergencia. Entre 2023 y 2025, los mecanismos de acción anticipatoria permitieron brindar apoyo previo a más de tres millones de personas en África austral y 5.5 millones en África oriental, mediante recursos y asistencia entregados antes de que se materializaran los impactos más severos.

La estrategia incluye también el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana y de la infraestructura para monitorear las condiciones meteorológicas. En Zambia, por ejemplo, autoridades y organismos internacionales han impulsado una mayor capacidad de seguimiento del clima para detectar riesgos con mayor anticipación.

Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) buscan alcanzar a 8.8 millones de personas en 22 países considerados de alto riesgo, con medidas que incluyen apoyo económico, agricultura resistente a inundaciones y sequías y protección del ganado.

Para sectores que operan en territorios expuestos a sequías, lluvias extraordinarias o cambios importantes en la disponibilidad de agua, la prevención se convierte cada vez más en un componente de continuidad operativa y responsabilidad con las comunidades. La información climática, los sistemas de alerta, el mantenimiento de infraestructura y los protocolos de respuesta pueden reducir vulnerabilidades ante fenómenos que hoy pueden anticiparse con meses de ventaja.

El coordinador de Ayuda de Emergencia de Naciones Unidas, Tom Fletcher, resumió el planteamiento al señalar que existe una decisión entre esperar a que llegue el desastre o invertir previamente en resiliencia. La experiencia presentada por la ONU muestra que la anticipación puede reducir tanto las consecuencias humanitarias como la presión sobre infraestructura y servicios esenciales.

Fuente: Naciones Unidas – UN News, “The climate pattern putting millions at risk: El Niño explained”, 30 de julio de 2026.

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