Desbordamiento en mina de Vale reactiva el debate sobre la gestión de riesgos en la minería brasileña
Un desbordamiento de agua ocurrido en una operación minera de la empresa Vale, en el estado de Minas Gerais, en Brasil, alcanzó el río Maranhão tras varios días de lluvias intensas, generando afectaciones ambientales y reavivando el debate sobre la gestión de riesgos en la industria minera.
De acuerdo con autoridades locales y reportes de prensa brasileña, el incidente se produjo cuando una estructura de contención de agua pluvial en una mina a cielo abierto fue rebasada por el volumen de precipitaciones acumuladas. El flujo de agua, mezclado con sedimentos, se desplazó cuesta abajo hasta llegar al cauce del río Maranhão, uno de los afluentes que forman parte de la cuenca del Paraopeba.
Vale informó que no se registraron personas lesionadas ni comunidades afectadas directamente. Sin embargo, confirmó que el evento provocó impactos ambientales localizados, principalmente por el arrastre de sedimentos hacia cuerpos de agua, lo que obligó a activar protocolos de emergencia y mitigación.
La Secretaría de Medio Ambiente de Minas Gerais señaló que la empresa deberá ejecutar labores de limpieza en las zonas afectadas y presentar un plan de recuperación ambiental, el cual incluirá el monitoreo de la calidad del agua, la remoción de sedimentos y acciones para restaurar las áreas impactadas. Las autoridades también anunciaron la apertura de un procedimiento administrativo para evaluar responsabilidades y posibles sanciones.
Especialistas ambientales advirtieron que, aunque no se trató de una ruptura de presa de relaves, este tipo de eventos no deben minimizarse. El aumento en la turbidez del agua y la sedimentación excesiva pueden afectar la fauna acuática, alterar los ecosistemas fluviales y comprometer el uso del agua río abajo, especialmente en regiones que ya han sido vulneradas por incidentes previos.
El suceso ocurre en un estado marcado por antecedentes graves en materia de seguridad minera. Minas Gerais fue escenario de los desastres de Mariana en 2015 y Brumadinho en 2019, ambos vinculados a fallas estructurales en instalaciones mineras y con consecuencias humanas y ambientales de gran magnitud. Si bien el evento actual no alcanzó esa escala, vuelve a colocar a la minería bajo el escrutinio público.
Organizaciones civiles y analistas del sector coinciden en que las lluvias extremas, cada vez más frecuentes por el cambio climático, obligan a las empresas mineras a reforzar sus sistemas de drenaje, monitoreo y prevención. Atribuir estos eventos únicamente a fenómenos naturales resulta insuficiente cuando se trata de actividades industriales de alto impacto.
Para la industria minera, el desbordamiento en Minas Gerais deja una lección clara: la gestión del riesgo hídrico debe ser tan prioritaria como la estabilidad de las presas de relaves. La planificación preventiva, la inversión en infraestructura resiliente y la transparencia ante la autoridad y la sociedad son elementos clave para evitar daños ambientales y recuperar la confianza pública.
El caso del río Maranhão recuerda que, incluso sin pérdidas humanas, los incidentes ambientales tienen consecuencias y responsabilidades. En un contexto de creciente exigencia social y regulatoria, la minería enfrenta el reto de demostrar que puede operar con estándares más altos de seguridad y respeto al entorno.
Fuentes:
Reuters; Secretaría de Medio Ambiente de Minas Gerais; medios brasileños especializados en energía y minería.