Durante años, hablar de sostenibilidad en la industria sonaba a discurso bonito para reportes anuales y campañas de imagen. Cuidar el medio ambiente era importante, sí, pero para muchos grandes fabricantes seguía siendo un costo incómodo, una obligación regulatoria más que una decisión estratégica. Hoy, ese enfoque quedó atrás.
En un escenario marcado por la inflación, el encarecimiento de la energía y cadenas de suministro cada vez más frágiles, la sostenibilidad dejó de ser un tema “verde” para convertirse en una cuestión de supervivencia económica.
Así lo confirma la décima edición del reporte Estado de la Manufactura Inteligente, elaborado por Rockwell Automation, tras encuestar a más de 1,500 tomadores de decisión en 17 de los principales países fabricantes del mundo. El mensaje es claro: las empresas no están apostando por prácticas sostenibles solo por conciencia ambiental, sino porque es la manera más eficiente de mantenerse competitivas.
De cumplir la norma a reducir costos
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio rompe con una creencia común: la sostenibilidad ya no se impulsa principalmente por presión regulatoria o reputación. El 55% de los fabricantes afirma que su motivación principal para adoptar prácticas sostenibles es mejorar su eficiencia operativa.
La lógica es simple, pero poderosa: menos desperdicio de energía, menos residuos industriales y un mejor aprovechamiento de materias primas se traduce directamente en menores costos. En un entorno económico volátil, cada punto porcentual de ahorro cuenta. Por eso, la sostenibilidad ha pasado de ser un proyecto de responsabilidad social a convertirse en una pieza clave de la estrategia financiera de las empresas.
Blake Moret, presidente y director ejecutivo de Rockwell Automation, lo resume así: la tecnología hoy permite reducir consumo energético, residuos y emisiones sin sacrificar productividad ni calidad. Desde máquinas inteligentes hasta gemelos digitales y sistemas avanzados de control, la eficiencia ambiental se ha vuelto parte del corazón de la operación industrial.
Mucha intención, poca estructura
El reporte también expone una brecha importante entre el discurso y la realidad. Aunque el 98% de los fabricantes asegura contar con políticas de sostenibilidad o criterios ESG, solo el 48% ha logrado implementarlas de manera formal en toda su organización.
En otras palabras, la mayoría de las empresas reconoce la importancia del tema, pero menos de la mitad cuenta con estructuras sólidas, indicadores claros y equipos dedicados que permitan medir resultados y gestionar el impacto ambiental de forma consistente. La sostenibilidad ya está en la agenda, pero todavía no en todos los procesos.
La tecnología, el verdadero motor del cambio
Cerrar esa brecha no depende de buenas intenciones, sino de información y automatización. La inteligencia artificial y el aprendizaje automático se han convertido en herramientas clave para transformar la sostenibilidad en resultados medibles.
El 95% de los fabricantes ya ha invertido o planea invertir en estas tecnologías en los próximos cinco años. Lejos de ser un concepto futurista, la IA ya se usa para optimizar el consumo de energía en tiempo real, anticipar fallas en procesos productivos o detectar defectos antes de que un producto llegue al final de la línea, evitando desperdicio de materiales.
En Oriente Medio, por ejemplo, el uso de inteligencia artificial para la gestión energética avanza más rápido que en otras regiones. El 46% de los fabricantes planea implementar estas soluciones en los próximos 12 meses, lo que muestra hacia dónde se está moviendo la inversión industrial: menos consumo, más eficiencia.
Probar sin desperdiciar: el auge de los gemelos digitales
Otra tecnología que gana terreno es la de los gemelos digitales, cuya adopción creció del 21% al 37% en apenas un año. Estas réplicas virtuales de procesos y líneas de producción permiten simular escenarios, hacer pruebas y corregir errores antes de gastar materiales reales o consumir energía.
Para la sostenibilidad, el impacto es enorme. Las empresas pueden optimizar diseños, ajustar procesos y prever fallas sin generar residuos ni invertir en prototipos físicos que luego terminan en la basura. La fábrica se “ensaya” en digital antes de existir en el mundo real.
Tecnología no es sinónimo de desempleo
Uno de los temores más extendidos alrededor de la automatización es la pérdida de empleos. Sin embargo, el estudio apunta en sentido contrario. El 94% de los fabricantes espera mantener o incluso aumentar su plantilla laboral tras la adopción de tecnologías de manufactura inteligente.
La industria no enfrenta un exceso de mano de obra, sino una escasez de talento especializado. De hecho, el 41% de las empresas utiliza la automatización para compensar la falta de personal calificado y para hacer que sus equipos actuales sean más productivos. La tecnología no está desplazando a las personas; está cambiando el tipo de habilidades que se necesitan.
Ser verde ya es parte del negocio
La manufactura inteligente está demostrando que la ecología y la economía no son opuestas. En la industria actual, ser sostenible ya no es un gesto ético aislado: es una decisión estratégica para resistir la volatilidad del mercado, reducir costos y construir negocios más resilientes.
Como señala Emmanuel Guilhamon, vicepresidente de Sostenibilidad de Rockwell Automation, estos esfuerzos no se tratan solo de cumplir requisitos, sino de generar valor a largo plazo. En la fábrica del futuro, cuidar el planeta y cuidar el negocio es, cada vez más, la misma cosa.
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