Por: Moisés Gómez Reyna

Luego de un largo periodo de "volar bajo", los precios internacionales del petróleo superaron los 80 dólares por barrilla semana pasada, nivel que no mostraban desde hacía8 años, casi una década.

En el caso de la mezcla mexicana del petróleo se ubicó en 77.76 dólares por barril, cuando apenas a mediados de 2020 tenía un precio negativo a causa de la contracción económica internacio­nal ocasionada por la pandemia. Este repunte de los petroprecios se debe, en primer lugar, a la fuerte recuperación que muestra la economía mundial, luego del tropiezo que significó el 2020.

De acuerdo con los pronósticos del Fondo Monetario Internacio­nal (FMI), este año la economía estadounidense crecerá en un 6%, mientras que China lo hará en un 8%. Para 2022, se prevé que Estados Unidos crezca a tasas de 4%. Sumado al creci­miento de la economía y la movilidad mundial, también están influyendo en los precios del crudo una serie de recortes delibera­dos a la producción acordados por varios países productores de este hidrocarburo.

Algunos expertos advierten que las petroleras estadounidenses no han aumentado su producción a pesar del incremento de los precios, lo que es inusual e igualmente contribuye al encareci­miento del petróleo.

En el caso de Europa, donde los precios del gas se han dis­parado en los últimos meses, la generación de electricidad se está apoyando temporalmente en el petróleo para amortiguar costos, pero esto también está presionando la demanda y los costos del hidrocarburo. De hecho, el Bank of America ha advertido que un invierno frío podría elevar el costo del crudo hasta en los 100 dólares por barril.

Hasta aquí, muchos pudiesen considerar que el incremento de los precios del crudo es una noticia positiva para México y como antaño, nos deberíamos de preparar para volver a administrar la abundancia, como diría un clásico de la política mexicana.

Pero la realidad de 2021 es muy distinta a la de 1981.Para empezar, la transición energética a fuentes limpias y renovables continuará con mayor fuerza y presencia, reduciendo sensata­mente la demanda de combustibles fósiles en el mundo. Es decir, este repunte de los petroprecios es meramente coyuntural.

Por otra parte, la producción nacional de petróleo no ha crecido en los últimos 3 años y es 50% menor a la que teníamos hace 16 años.

En 2005, producíamos 3.38 millones de barriles diarios, mien­tras que en 2018 la cifra bajó a 1.71 millones de barriles y para julio de 2021 se redujo en 1.70 millones de barriles.

Esto significa que por más que suban los petroprecios, ello no se reflejará en los ingresos de Pemex como sucedía hace más de una década, ya que estamos dejando de ser un país productor de crudo y más bien nos estamos convirtiendo en un importador de energéticos, como es el caso de las gasolinas y el gas.

De hecho, hoy un incremento en los precios del petróleo nos debe preocupar, más que entusiasmar.

A pesar de los anuncios para modernizar las refinerías naciona­les existentes y construir la nueva de Dos Bocas, la realidad es que hoy nuestro país importa casi el 70% de sus gasolinas, por lo tanto, un petróleo más caro se traducirá también en gasolinas más caras para los consumidores en nuestro país.

Este 2021, por costo de combustible y los impuestos, las gasolinas en México han llegado a subir en más de un 20%y la inflación se ha disparado al 6%, cuando la meta anual es del 3%.

En conclusión, no hay motivos para festejar por el alza de los precios del petróleo, y lo mejor que podemos hacer como país es retomar la ruta de la transición energética hacia fuentes renov­ables, más limpias y menos costosas. Lo que se conoció como el "oro negro", ya no es opción para nuestro país.