Teloloapan, Guerrero. A cinco horas en carretera desde la Ciudad de México se encuentra Teloloapan, un pueblo incrustado en el corazón de la Sierra Madre del sur de Guerrero. Ahí, bajo la vigía de la policía comunitaria, armada con precarias carabinas, el camino lleva a Capela, una mina con menos de dos años de operación, pero que desde hace una década se ha convertido en una opción para los habitantes de la región, pues ante la falta de oportunidades, la mayoría de sus jóvenes optaba por dos caminos: emigrar a Estados Unidos, o formar parte de las filas del narcotráfico.

Las instalaciones de Capela cuentan con una mina subterránea de 8 kilómetros de extensión que se sumergen hasta 670 metros bajo los mil 200 metros sobre el nivel del mar de la entrada, cuenta en un recorrido su gerente, José Luis González, quien resalta que mensualmente la mina que pertenece a Peñoles extrae del subsuelo 5 mil toneladas de zinc, 2 mil 200 de cobre y 900 toneladas de plomo.

Su operación rompe con el mito de la vieja minería en la que los trabajadores, armados con picos y costales desfilan por los oscuros túneles arriesgando sus vidas, pues Capela cuenta con instalaciones de vanguardia en la que predomina la tecnología y maquinaria pesada que facilitan el trabajo humano. A lo que se suman las estrictas medidas de seguridad para ingresar a los túneles y su enfoque sustentable.

Esta mina ofrece empleos a alrededor de mil 200 personas, la mayoría de Teloloapan o algún municipio aledaño, 111 de ellos son jóvenes de la región que fueron reclutados desde la preparatoria para ser enviados totalmente becados al Centro de Estudios Técnicos Laguna del Rey, en Coahuila, donde Peñoles capacita a sus futuros empleados.

Uno de estos jóvenes es Germán Antúnez, quien estudió una carrera técnica en mantenimiento de maquinaria y equipo para luego de tres años regresar a su pueblo natal a trabajar en la operación de la mina de Capela, desde donde combina sus labores con el estudio para continuar escalando en la empresa.

A decir de Antúnez, la opción de estudio y posteriormente laboral que le presentó Peñoles lo ayudó a no tomar el camino de la mayoría de los jóvenes, mismo que han seguido sus hermanos, que es emigrar a Estados Unidos. Además, dijo, otro rumbo que toman las personas de su edad es el del narcotráfico, muy presente en el estado de Guerrero.

De acuerdo con el Anuario Migración y Remesas de BBVA, Guerrero es la décima entidad con el mayor número de migrantes hacia Estados Unidos entre 2015 y 2020, con un total de 20 mil 200, que representan 3.5 por ciento del total.

Paridad de género

Las oportunidades no sólo son para los hombres, pues 18 por ciento de la plantilla laboral de Capela está compuesta por mujeres. Una de ellas es Luz Yaneli Antulez, la primera mujer en México operadora de Simba, un vehículo pesado conocido como “El rey de la barrenación”, usado para perforar superficies e incrustar explosivos que posteriormente estallan para extraer mineral.

Con sólo 24 años, la oriunda de Teloloapan, Guerrero, llega a tirar por voladura hasta 10 mil toneladas de mineral; sin embargo, antes se capacitó por dos meses en el Centro de Capacitación de Peñoles, en la mina de Velardeña, Durango, donde cuentan con simuladores con tecnología virtual de 360 grados.

Karen Flores, directora general de la Cámara Minera de México (Camimex), destacó que en México hay 367 mil 935 trabajadores en la industria extractiva, de los cuales 60 mil son mujeres, es decir, 16 por ciento del total. No obstante, dijo, el objetivo es que la proporción siga creciendo, pero no sólo en puestos operativos, sino también en niveles ejecutivos.

“Tenemos mujeres en la parte operativa, manejando camiones en las minas, supervisando tajos y dirigiendo operaciones, eso es algo muy interesante y gratificante. Las queremos en todas las áreas, este crecimiento exponencial que hemos visto en pocos años se va a mantener y antes de lo esperado vamos a equilibrar las cifras”, puntualizó.

La unidad Capela, que arrancó operaciones en marzo de 2020, pero comenzó exploraciones a principios de la década pasada, cuenta con una red subterránea de 8 kilómetros con una estación de rescate con equipamiento médico; cuatro refugios equipados para entre 20 y 100 personas; planta de beneficio para triturar el mineral extraído y transformarlo en concentrado, la cual es 85 por ciento automatizada, así como con una presa de jale para los residuos.

Fuente: jornada.com.mx