#Columna Juan Daniel Angulo

Eduardo Gudynas, un gran ecologista, nos habla del concepto agotamiento del desarrollo, donde nos advierte sobre las graves consecuencias del modelo económico social aplicado a los recursos naturales en América Latina: “el rentismo del primer producto-cero diversificación vertical”. Cada minuto la minería en algunos países aumenta su característica más crítica: el rechazo de la actividad, los indicadores mundiales lo comprueban.

Para reducir ese rechazo, nace la trazabilidad “cero huella de carbono”, un término que lleva décadas en varios sectores y cadenas de supermercados (diferenciación de los productos). En el caso de la minería, lo primero que debe hacer un país es superar el primer paradigma: educar a la sociedad con el ADN minero. Fueron décadas de arduo trabajo por parte de los países que son mineros (llevan años ubicados en el top 10). Hoy recogen los frutos, son los más atractivos para invertir en exploración y minería según el Instituto Fraser (Canadá). Ellos, organizaron y construyeron el matrimonio perfecto en el sector minero: Estado, academia y empresa. Logrando hijos sanos y fuertes “la sociedad”.

La trazabilidad en la minería fue propuesta por un exdirector de la compañía estatal Codelco, Chile (el mayor productor de cobre del mundo). En aquel entonces, Óscar Landerretche lanza la iniciativa de producir cobre verde de Chile para el mundo: “de ahora en adelante nuestro cobre llevará la trazabilidad con huella de carbono, huella de agua, huella de emisiones, seguridad “cero accidentes y fatalidades”, transparencia, inclusión, impactos positivos en las comunidades “ellos serán nuestros jueces” y respeto por los derechos humanos.

Para cerrar, los países necesitan superar el primer paradigma de la minería, no existe otro camino para lograr ser ecoamigable. Si tan solo se intentara buscar esa ruta, estaríamos hablando de un países mineros con un motor eléctrico capaz de trabajar todo su entorno.

Fuente: SIETE DÍAS