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UNA NARRACIÓN MINERA

COLUMNA Desde mi juventud fui muchas veces a Zimapán, me gustaba ir. Algo tenía que me llamaba la atención, el pueblo y la increíble barranca de Tolimán; ya después por

hace 2 meses

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COLUMNA

Desde mi juventud fui muchas veces a Zimapán, me gustaba ir.
Algo tenía que me llamaba la atención, el pueblo y la increíble barranca de Tolimán; ya después por razones laborales.
La última vez que había ido fue hace unos 15 años.


Una llamada de mi amigo minero Carlos Silva, me hizo regresar, llamada para invitarme a dar un testimonio sobre el cáncer de mama en hombres.
No más de dos segundos tardé en decir, ahí voy.
La mente me traicionó, en momentos durante el viaje se mezclaron recuerdos y situaciones actuales; creí ir al Zimapán de hace muchos años.

Mi primera gran sorpresa fue, ¡Gerenta General!, mexicana, muy preparada, empática, firme pero muy humanista, técnica y práctica.  Con una producción que es dos tercios más que cuando solía ir.


En la primera plática;  allá abajo en Carrizal, al cambio de turno alrededor de las 7.00am; los vigilantes, educados, con protocolos;  decenas y decenas de [email protected] perfectamente equipados, con ropa de trabajo más que digna; equipos, camiones que hoy van por un camino mejorado y muy seguro.

Y ahí me presentaban, yo solo con mis pensamientos y sentimientos; adelante, tengo 15 minutos para decir  "tóquense para que no les toque", el cáncer es curable y mi caso.
Al momento de hacer el ejercicio de auto exploración,  la mayoría lo hacía junto conmigo, la voz se me quebraba.
¡Misión cumplida!

Igual en la oficinas, todos atentos y se notaba. Y ahí otra sorpresa, mujeres manejando la empresa, el área de Salud Emocional, ¿qué, me dije?, esto es siglo XXI. Relaciones Comunitarias, de casualidad una de las jóvenes estaba ahí, originaria de Zimapán, denotaba su origen y orgullo de pueblos originarios, universitaria, me dio catedra con una prosa increíble y todo el día lo pasan en las comunidades y no en oficinas o eventos, trabajando en proyectos de la población; mucho me impresionó el de plantas medicinales locales, coadyuvantes en la medicina alópata, yo las uso.

Otra gran sorpresa en El Monte, mina y planta. Pasión y emoción por el trabajo, orden y limpieza, orgullo y pasión. Mujeres con jefaturas. ¡Siglo XXI!
Empezamos, decenas de ellas y ellos; yo aún con nervios y sentimiento a flor de piel. La historia, las causas y la prevención.

A mitad de la plática, un joven minero se desmaya, todos estupefactos, lo atiende la doctora, en unos minutos nos dice que estaba bien, que fue la impresión pues su mamá había muerto de cáncer. Maldecí la falta de salud publica en mi México. Yo viví por acceder a la medicina privada.

Al final, les dije, quien tenga un familiar o amistad con cáncer, llévenle un abrazo mío, como muchos cancerosos o victimas lo hacemos.

No fuero pocos los abrazos ni los ojos con lágrimas, peo ya habíamos pasado el mensaje de prevención y las puertas de los médicos de la Carrizal Mining, abiertas.

Mucho me impactó una empleada, jefa del laboratorio, que no paraba de llorar, y cómo no iba a llorar, su hermano en fase terminal, pero ahí se desahogó; de algo sirvió.

Doblemente emocionado, por la calidad humana de los empresarios, que a pregunta mía y muy fuera de lugar, pregunté que tan importante eran las utilidades, la respuesta fue, si son importantes, pero es más son la gente que los produce y sus familias, ¡Tú lo viste! Y sí, así lo vi.

Ayer, quizás pudimos salvar una vida y ayer conocimos Minería Siglo XXI.

Editorial

Publicado hace 2 meses

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