Por ALEXANDRA ZENZES CORDERA

El propósito de esta reflexión es contribuir al entendimiento del papel que juega la minería actualmente, ya que se ha estigmatizado como un generador de conflictos sociales en las comunidades en donde se realiza. Una revisión histórica del desarrollo de la actividad minera, demuestra que en un porcentaje importante, sí ha sido el detonante de diversos conflictos sociales, en gran medida por falta de cumplimiento de los compromisos acordados entre la empresa minera y las representaciones comunitarias, por las externalidades ambientales negativas que conlleva y un claro enriquecimiento de los poseedores de las minas frente a la realidad de las comunidades cercanas al proyecto.

La minería es una actividad de desarrollo económico que se basa en la extracción de minerales metálicos, no metálicos y de combustibles fósiles o energéticos como petróleo y gas. Lamentablemente, por naturaleza, toda actividad extractiva conlleva externalidades negativas que inciden en el entorno natural, ya que los tres tipos de minería se sustentan en la extracción de recursos naturales (finitos ó infinitos) de la tierra, pero también hay minería submarina con afectaciones claramente identificadas en las zonas costeras y los mares.

Actualmente son 25 estados de la república en los que hay presencia de empresas mineras con capital extranjero realizando trabajos de exploración y explotación. La mayor concentración del trabajo se localiza en los estados de Sonora, Chihuahua, Durango, Sinaloa, Zacatecas y Jalisco.


En el país participan empresas mineras extranjeras. De estas, las canadienses tienen alrededor de 65% de participación y el resto está repartido entre empresas de Estados Unidos, República Popular China, Australia, Inglaterra, Corea del Sur, España, India, Francia, Filipinas, Luxemburgo, Italia, Bélgica, Suiza, Perú y Brasil. Con base en el listado, y en sus pagos de derechos, se puede concluir que es el sector minero el que atrae la mayor inversión al país.

Con base en datos de la Secretaría de Economía, el sector minero aporta 2.4% del PIB nacional (INEGI, 2018). Según datos del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) para enero del 2021 este sector generó 381,456 empleos directos y más de 2’300,000 empleos indirectos. Con base en tales datos, la Cámara Minera en México (CAMIMEX) lo considera uno de los empleadores más grandes del país, ubicándolo en el cuarto lugar como generador de divisas extranjeras , con un monto de 22,500 millones de pesos (INEGI 2018).

Con el fin de reducir el nivel de afectaciones sociales y ambientales, a lo largo de los años se ha perfeccionado el marco regulatorio. El desarrollo de la ciencia y la tecnología juega un papel importante en el mejoramiento de las prácticas. No obstante, cada mina tiene sus particularidades, mismas que se deben de analizar de manera previa al desarrollo integral del proyecto. Además de apegarse a lo que dicta la ley, las compañías mineras deben de buscar siempre las mejores prácticas a fin de evitar proyectos que impliquen severas afectaciones. Tras hacer un breve recuento general de cómo ha evolucionado esta práctica y de demostrar que en este caso si existe voluntad por parte del equipo directivo de la mina, sí se pueden cambiar las actividades. Para lograrlo, la prevención debe ser crucial para impedir conflictos sociales y disminuir el riesgo de problemas ambientales.

La sociedad ha visto la actividad minera con desconfianza a lo lago de su historia. En muchos casos, esta situación ha sido de manera justificada dadas las afectaciones negativas que ha dejado en las poblaciones locales y en su entorno natural. El trato de la industria minera hacia la sociedad, a lo largo del tiempo, ha tenido serias deficiencias. Por estas razones, es indispensable reconocer el cambio que ha experimentado el sector en los últimos años, al impulsar una minería diferente, tanto en sus procesos, como en su acercamiento a las poblaciones que la rodean y al entorno natural de la mina.

La sustentabilidad de la minería involucra más que la sola compensación por el uso de la tierra y las afectaciones ambientales previstas. La nueva minería presta atención a tres momentos del desarrollo comunitario, aquel creado alrededor del sitio minero, al que se mantiene durante su evolución y al previsto para el cierre de la misma. Las medidas para prevenir conflictos sociales se convierten en un tema clave, a fin de sustituir los mecanismos de compensación, tan utilizados, en las comunidades afectadas. En el marco de este tipo de nuevas prácticas, destaca en especial la creación de una estrategia de reubicación de las poblaciones, bien diseñada, remunerada y supervisada, así como los procesos de incorporación de las comunidades a la zona minera que involucren las zonas de injerencia directa e indirecta.

Pese a las afectaciones que genera, esta actividad es indispensable para dar cumplimiento a la alta demanda de minerales que se utilizan como materias primas de diversos productos industriales. Por lo anterior, la actividad minera tiene procesos dicotómicos inherentes a la forma en la que se pretenda analizar, es decir, la minería como proveedora de insumos para el desarrollo industrial de diversos sectores (construcción, movilidad, comunicaciones, médico, etc.), o como actividad destructiva del entorno natural de donde son extraídos los minerales. En nuestra vida diaria, los minerales están presentes de muchas formas y estados, desde el natural hasta los productos industriales de punta.

La Agenda 2030 debe de verse como parte del cambio, las empresas deben de presentar reportes en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible esta serie de obligaciones debe de ser compartida por todas las empresas en general. En términos generales la minería responsable debe de ser la nueva columna vertebral de esta actividad económica.

Fuente: elsoldemexico.com.mx